sábado, 15 de marzo de 2014

CERTIFICACIÓN


 
No voy a aceptar mensajes que incumplan las más elementales normas de convivencia pacífica. No voy a permitir que se publiquen en esta columnilla textos que desacrediten a las personas. No toleraré que, en aras de una supuesta libertad de expresión, se insulte a nadie. No admitiré que se haga pública difamación valiéndose de la amistad que mantenga quien suscriba un recado electrónico con el redactor.
No. Este blog pretende distraerme y ocupar mis pensamientos en algo que vaya más allá de las preocupaciones cotidianas y los quehaceres diarios. Y si además sirve para entretener y bosquejar ideas que usted improbable lector, deberá desarrollar después, pues mejor. Pero ni es un foro de debate, ni un senado de discusión, ni un parlamento heráldico.
Hoy desearía esbozar un tema que dejé apuntado al final de una entrada reciente en la que expuse el buen gusto (y en consecuencia habitualmente obviado), que supone la adopción de armas nuevas que resulten eminentemente simples y escuetas: quiero redactar unas líneas sobre quién debe registrar las armas que se hayan escogido como propias para representar a un individuo.
Existe un excelente artículo, excelente de verdad, que rubrica don Félix Martínez Llorente, de la universidad de Valladolid, que expone con infinito más acierto y doctrina, lo que yo pretendo trazar.
Vaya por delante mi opinión: sí que existe un acreditado funcionario público que registra, con todos los parabienes de la ley, armas de nueva creación: el marqués de la Floresta.
La posesión de armas en estos reinos que hoy son España no acredita nobleza. Por el contrario, ha sido costumbre inmemorial que los súbditos del rey posean sus propias armerías que los signifiquen.
Las certificaciones de adopción de armas nuevas no son por consiguiente un premio. 
El engrandecimiento por parte de un soberano de las ya existentes sí que disfrutaría de esa consideración de recompensa. 
En consecuencia, la materia jurídica sobre la que se asienta el registro de armas no es la premial, sino la de fomento de la cultura y mantenimiento de la tradición. Y esas materias fueron cedidas a la región castellano-leonesa por parte del Estado.
 
Admitido entonces que la región cuenta con capacidad para legislar sobre el asunto del registro de armas se requiere únicamente de un texto jurídico que lo materialice y pase a formar parte de su cuerpo normativo. Y ese texto existe:
El instrumento de nombramiento fue emitido por el presidente de la Junta de comunidades de Castilla y León, entonces don Jesús de Posada Moreno. En ese Decreto se estableció, sin lugar a equívoco: expedir las certificaciones de genealogía, nobleza y escudos de armas, … las confirmaciones, atribuciones de nuevas armerías y autorizaciones de uso que os fueran solicitadas por los particulares, …
En consecuencia con el canon legal que fue emitido por el jefe del gobierno regional de Castilla y León, el marqués de la Floresta está capacitado legalmente para emitir certificaciones de armas que, además, poseerán la consideración legal de documentos públicos.
Ya concluyo. Si ha optado por elegir armas nuevas que lo representen, improbable lector, no albergue la menor duda: recurra a quien está capacitado para certificarlas, el marqués de la Floresta, que es cronista de armas de Castilla y León.

ESCUDO PARROQUIAL

Remite unas líneas el sacerdote don Milan Tisma desde Chile, al otro lado del mar. Expone los motivos de elección del acertado escudo de una antigua parroquia. Presento su mensaje confiando que sirva de acicate para que otras instituciones eclesiásticas se animen a diseñar tan atinados blasones como el que hoy se propone:

ESCUDO DE LA PARROQUIA DE SAN RAFAEL

PRELATURA DE ILLAPEL

Por el presbítero don Milan Tisma
Capellán de la Orden de Malta
Don José Juan:

Se me había perdido Ud. en los mundos cibernéticos y siendo yo un nada improbable lector de su blog de heráldica, sino por el contrario, muy fidelísimo y asiduo, casi que me encontraba huérfano hasta que le volví a encontrar. Ahora me complace compartir con Ud. un nuevo diseño de mi autoría (que no el dibujo). Se trata del escudo de la Parroquia San Rafael de la Prelatura de Illapel aquí en este "Reyno de Chile".
Su blasonamiento podría ser este: En campo de gules dos báculos de peregrino de oro, puestos en sotuer, que portan en su voluta sendas calabazas de plata. En jefe sol de oro en su esplendor y en punta pez de plata. Bordura cosida de azur, cargada de siete lises de plata y la fecha 1755 de plata dispuesta en jefe.
El escudo busca representar a la Parroquia San Rafael en la ciudad de Illapel. La ciudad se fundó en el s.XVIII sobre un campamento minero donde se extraía oro. Por esta razón y por condiciones climáticas la ciudad y las regiones cercanas fueron llamadas "tierra de oro y sol". Por eso el sol de oro en jefe. Los báculos de peregrino con sus calabazas y el pez de plata evocan la figura del santo patrono de la parroquia, San Rafael. En la iconografía del Arcángel los atributos con que se le representa han sido tradicionalmente estos signos. La bordura azur y las lises de plata indican la muy acendrada devoción que en esas tierras se profesa  a la Sma. Virgen María. La fecha indica el año de fundación de la Parroquia.
Espero estas apuradas líneas sean de su interés.

Cordiales saludos:

Pbro. Milan Tisma

viernes, 14 de marzo de 2014

FELICIDADES, ARANCHA

Hoy es el cumpleaños de la marquesa de Santa Paciencia, Arancha Piedrafita y Martín, Zalabardo y Orejas, mi mujer.
Felicidades, Arancha. Gracias por tu buen humor, tu apoyo, tu compañía, tu perenne sonrisa, tu complicidad y tu capacidad para aguantarme ¡guapa!

jueves, 13 de marzo de 2014

CIFRAS


Lo siento, improbable lector, no he tenido tiempo de redactar una entrada en condiciones. Tan solo aportaré un apunte.
He obtenido hace escasos meses la especialidad en estadística militar así que, al menos según reza el título académico, sé de lo que hablo. Además mi prima, María de las Nieves Carrión Muñiz, baronesa de Reales Mateméticas, en el reino del Maestrazgo, me lo explicó con detalle: los datos objetivos no mienten, la estadística sí.

Los datos no mienten y lo que hoy pretendo exponerle brevemente, improbable lector, son cifras. Frías y contundentes cifras.

Me escribía recientemente una amable lectora con apellidos que la descubren como súbdita del conde de Barcelona, (titulado que atiende también a la expresión rey de España). Con el propósito de animarme en la redacción expresaba que podía calcular que los lectores de este tedioso blog serían cientos de miles.
Agradezco de veras la atención y la sonrisa que me ha provocado un cálculo tan optimista. El contador que dispuse sobre aquel tedioso blog de heráldica sí que llegó a revelar que se acercaban diariamente unas mil personas a envenenarse con aquellas diatribas.
Pero las actuales crónicas heráldicas no alcanzan aquellas sumas. Ni mucho menos. No pasan de treinta los lectores absolutos de las entradas que se van sucediendo. Así lo establece una pestaña, a la que únicamente tiene acceso el redactor del blog, que desvela el número absoluto de visitas a cada uno de los textos. Son datos, no estadísticas.

La conclusión que extraigo y con la que termino hoy de aburrirle, improbable lector, es que esta columna no es más que una breve reunión de amigos que se dan cita alrededor de unos párrafos relativos a la heráldica y a sus ciencias tangentes. Y está bien que sea así: un breve concilio de aficionados. 
Se añaden los datos a los que hacía mención. Los números que aparecen tras el título de cada una de las últimas entradas fijan el número de visitas recibidas:


miércoles, 12 de marzo de 2014

ORDENACIÓN

http://heraldistas.blogspot.com.es/
Es costumbre, que no norma, que si se desean representar en el interior de una boca de escudo los cuatro primeros linajes a los que se pertenece por herencia se dispongan de una forma peculiar. Se recurrirá habitualmente al cuartelado en cruz y se dispondrán las armas heredadas por vía paterna en los cuarteles primero y tercero y las recibidas de vía materna en los cuarteles segundo y cuarto. De esta forma, se conseguirá un blasón con las armas del padre partido de las armas de la madre.
Pertenezco a una única institución de caballería. Mi apreciación sobre este asunto es personal y discutible, desde luego: aunque amables amigos me han animado a ingresar en otras agrupaciones de caballeros he declinado el ofrecimiento. Ya he sido armado caballero. Ya soy caballero y no necesito volver a ser armado en otra orden. Se es caballero de la orden de caballería. Así, tal cual. No hace falta añadir de la orden de Malta o de la constantiniana de España, o de la de san Lázaro bendito. No. Se es caballero debidamente ordenado y punto. Insisto en que esta apreciación es del todo personal.
Y además, para los usos y costumbres de esta villa y corte en la que trabajo y habito a tiempo parcial, con pertenecer a una única corporación es suficiente. Pretender ser miembro de cuantas más órdenes mejor no aporta nada. No se alcanza una utilidad marginal superior por añadir una nueva muesca al registro de corporaciones de caballería de las que se es miembro. 
Ese afán acumulativo de pertenencias a instituciones se me antoja enfermizo. Y caro. En cualquier caso, insisto: cada cual que se conduzca como se le antoje. Si a usted improbable lector,  considerarse miembro de dieciséis corporaciones le parece oportuno, no soy quien para corregir nada. Pero a mí el asunto no me estimula.
Toda esta absurda diatriba en la que acabo de enfangarme no pretendía otra cosa que recordarle que fui armado caballero en noviembre de 2009 en una ceremonia de cruzamiento organizada por la Real hermandad de caballeros de san Fernando. 
La hermandad mantiene y propicia una especial devoción al que fuera rey de Castilla y años después de León que hoy conocemos como Fernando III, el santo.
Nuestro rey santo, (no son abundantes los monarcas en el santoral cristiano), como ya sabe improbable lector, fue rey de Castilla desde 1216. Sin embargo, dado que su padre era el rey de León don Alfonso IX, se armó correctamente con las armas de su familia paterna.
La paradoja debió de ser chocante para sus súbditos, especialmente al considerar que las tropas de ambos reinos se enfrentaron en batallas. Cuando en 1230 sucedió a su padre dispuso sobre sus armas un cuartelado, (primer uso en la cristiandad entera de esta partición heráldica para combinar dos armerías) disponiendo, erróneamente según los usos actuales de la distribución de cuarteles, las armas recibidas de la madre en los cuarteles primero y cuarto, dejando el segundo y tercero para las armas paternas.
Lo correcto, teniendo en cuenta que entonces únicamente se poseía un apellido hubiera sido disponer las armas del reino de León,  heredadas por vía paterna, partidas de las recibidas desde el lado materno, las armas de Castilla. 
O bien, de haberse preferido un cuartelado: en los cuarteles primero y tercero se hubiera debido plasmar el león y en los numerados en orden par las armas de Castilla.
Sí, sí, lo sé. Efectivamente el cuartelado que diseñó la curia del rey san Fernando no buscaba una corrección heráldica familiar. No. Pretendía una equiparación de ambos reinos, una igualdad heráldica, al conceder a Castilla el primer y último cuarteles y a León los intermedios.
El asunto de la disposición de los reinos sobre un escudo se pactó de la misma forma en la concordia de Segovia, en la que se estipularon las armas que adoptarían conjuntamente los soberanos de Aragón y Castilla. 
El blasón creado debía haber reflejado una disposición diferente al muy conocido escudo de los reyes católicos, reservando para el rey don Fernando la parte diestra del blasón y dejando a la reina doña Isabel la partición siniestra, o bien, de haberse optado por la disposición en cuartelado, acumulando en los impares las armas del aragonés y en los cuarteles segundo y cuarto las de la castellana.
Y es que me consultaba recientemente un compatriota (de España, no del reino del Maestrazgo) a través del correo asociado a este tedioso blog, y con esto ya termino, cómo debía disponer las armas que venían usando sus progenitores si deseaba ordenarlas en un cuartelado que mostrara sus cuatro costados. El recuerdo de la disposición tanto del cuartelado de Castilla y León como del blasón de los reyes católicos llaman efectivamente al engaño. Pero no, no es la forma correcta, o al menos habitual, de disponer las armas heredadas. Los cuarteles de la parte siniestra se deben asignar al varón y los de la diestra a la mujer.

martes, 11 de marzo de 2014

MADRID

 
De Madrid al cielo, dice una sentencia popular. De Madrid al cielo.
No, no significa que Madrid, con sus ruidos y sus gentes, maltrate hasta el extremo de otorgar, por el simple hecho de vivir entre sus muros, un puesto en la corte celestial.
Tampoco quiere significar que visto Madrid, no exista ya bajo el sol lugar alguno en la tierra que se le pueda comparar en razón de la bondad de sus gentes y la belleza de sus calles. No.
De Madrid al cielo tiene un sentido mucho más prosaico. El dicho popular  quiere solamente recordar que los embajadores del obispo de Roma acreditados en la corte de estos reinos alcanzan siempre el máximo escalón eclesiástico previo al propio papado: la púrpura de los príncipes, el cardenalato.
Y así ha acontecido regularmente. Quiero recordar que incluso cuando no sucedió, una única ocasión en la que el nuncio acreditado en Madrid no pasó directamente a ocupar un puesto de máxima responsabilidad en la curia vaticana como cardenal, se debió a que  ocupó destino en otra capital que posee el mismo privilegio de acceso al cielo eclesiástico: el nuncio ante Madrid, una vez cesado, fue destinado como nuncio a París.
Lo que hoy pretendía era traer a su atención, improbable lector, hacia el blasonario cardenalicio. El armorial de los príncipes de la Iglesia, tomado en conjunto, pasa del cinco, alcanza el aprobado. Es cierto que hay escudos que llaman al sonrojo, verdaderos bochornos heráldicos, pero tan cierto como lo anterior es que muchos de ellos poseen una factura magistral.
Me permitiré exponer algunos de los que exhiben una heráldica más acabada: El primero de ellos, de ahí la introducción relativa al proverbio popular sobre Madrid, es el que significa al que fuera nuncio en Madrid, el ya cardenal don Manuel Monteiro de Castro:
Convendrá conmigo en que se trata de unas armas bien simples, armónicas y equilibradas. De manifestar un reparo, un inconveniente a la perfección, sería el terrasado. El mismo terrasado que presentan las armas de Madrid.
El cardenal don Raffaele Farina, muestra del mismo modo un blasón bien simple y por eso interesante.
Su eminencia don Bernard Panafieu alcanza a mostrar unas armas que para mí, no sé si con razón, simbolizan la región perdida hace siglos a favor del reino de Francia que hoy denominan algunos Cataluña Norte.
Don Raymundo Damasceno Assis ostenta las que son, sin lugar a dudas, las más escuetas armas de todo el colegio cardenalicio:
Y por fin, y ya termino de aburrirle improbable lector, el cardenal Ivan Dias, muestra las que considero más acabadas armas del conjunto de los príncipes de la Iglesia universal: