sábado, 25 de enero de 2014

APOSTILLAS AL LINAJE DE DAVID

Hoy pretendo aburrirle brevemente, improbable lector, ahondando en la anterior entrada. Ayer pretendí explicar el concepto que nuestra ciencia atribuye a la palabra linaje: descendencia de un individuo determinado.
Aludí sin mucho acierto a la expresión que usan los evangelios para referirse al Maestro: Jesús, del linaje de David.
Y reflexionando después de unas cervezas con los compañeros de trabajo comprendí cómo debería haber concluido el texto de ayer: La conclusión lógica hubiera sido determinar cuáles eran las armas que correspondían por linaje a Jesús nuestro Maestro.
Evidentemente esta reflexión solamente es posible después de alcanzar un razonable porcentaje de alcohol en sangre porque entonces, es una obviedad, la heráldica no había visto la luz. Eran aún tiempos oscuros.
Como ya sabe, improbable lector, la tradición ha atribuido armas a los más variados personajes históricos que habitaron los tristes tiempos preheráldicos. El rey David de la mitología judeocristiana, el vencedor del gigante Goliat, no fue una excepción. Se le atribuye una lira de oro en ocasiones acompañada de una honda.
Sí, efectivamente, qué sagaz improbable lector, son las armas que ostenta el Estado irlandés.
Y hay más: si el reino de Georgia volviera a la razón y reclamara a su rey que tornara a ocupar el trono de sus antepasados, las armas del monarca presentarían un cuartel con la lira y la honda, las atribuidas al bíblico rey David.
Y ya concluyo: de haber sido cierta la atribución, las armas que debería haber utilizado Jesús como descendiente agnado del linaje de David debieran haber sido la lira de oro en campo de gules.

viernes, 24 de enero de 2014

DEL LINAJE DE DAVID

 
Tetramorfos, cuatro formas, es la expresión griega que se ha utilizado tradicionalmente para referirse a las figuras alegóricas de los cuatro evangelistas canónicos. Habituales en la iconografía altomedieval, el románico conserva para la cristiandad los más acabados exponentes.
Juan el evangelista ha venido siendo representado por un águila nimbada.
La misma que dispuso la reina de Castilla doña Isabel como soporte de sus armas en recuerdo de su padre, el rey don Juan II de Castilla.
Se ha representado a Juan por medio del águila a consecuencia del prólogo de su evangelio. Prólogo que se elevaba a las más insignes alturas, como un águila. Prólogo que hasta la reforma que provocó el concilio Vaticano II se recitaba como liturgia obligada después de la homilía. Prólogo que recoge, en palabras del autor de El nombre de la rosa, la única verdad incontrovertible:

In principio erat verbum
et verbum erat apud Deum
et Deus erat verbum.
Hoc erat in prinicpio, apud Deum.

Marcos se ha figurado por medio del león. El león de san Marcos, tan habitual en las armas de recientes papas que habían ocupado previamente la sede veneciana.
El símbolo del león hace referencia al comienzo del texto sagrado: la predicación del bautista, que habitaba el desierto, terra incognita ubi sunt leones, donde habitan los leones.
El evangelista Lucas se ha simbolizado tradicionalmente por medio de un toro, traído un poco a la fuerza, debido a que su evangelio comienza con la escena de Zacarías en el templo, lugar en el que se sacrificaban bueyes y terneros.
Y por fin, el ángel figura a Mateo porque se eleva a las alturas de la descripción del árbol genealógico del Maestro, para enlazarlo con el rey David.
Y ese es el punto al que quería llegar. A Jesús se le nombra en el evangelio como Hijo de David. Como descendiente del linaje del rey David. Hoy quiero atraer su atención, improbable lector, hacia el concepto de linaje.
La heráldica en sus orígenes, permitía que cada individuo utilizara a lo largo de su vida diferentes armerías. Y aún adoptando un único blasón en el devenir vital, no era en absoluto sucedido por su familia.
Con los años, esta costumbre se alteró pasando a ser trasferidas a la descendencia. Sólo a la descendencia. Desde entonces y hasta hoy, más de ochocientos años de evolución heráldica, las armas se poseen como muestra de pertenencia a un mismo linaje.
El proceso surge a partir de un individuo que necesariamente adopta armas nuevas. Sus descendientes, hombres y mujeres, portan las mismas pero únicamente las trasmiten los varones. Todos los que en un momento determinado muestran idénticas armas significan su pertenencia al linaje.
Al contrario que en otros cercanos, en estos reinos que hoy conforman España no se utilizó brisura, excepción hecha necesariamente en el entorno de la real familia, habida cuenta que solamente el rey, entonces como hoy, puede tomar por armas las que signifiquen al reino.
No se utilizó la brisura porque lo que pretenden los blasones es demostrar gráficamente la pertenencia a un linaje. 
Es decir, la voz linaje para nuestra ciencia significa descendencia de un individuo determinado. Descendencia que portará idénticas armas en pacífica sucesión por línea agnaticia, esto es, de varón a varón. Las damas las poseerán, pero no podrán trasmitirlas.
Cuando nuestra ciencia insiste en que los comercios que ofertan las armas del apellido son un fraude, lo que se pretende es poner de manifiesto la forma de trasmisión de las armerías. Conocido que únicamente los descendientes de quien adoptó unas armerías están  legitimados para ostentarlas resulta evidente que la mera coincidencia de apellidos no indica que se pertenezca al mismo linaje, que se descienda de la misma persona que tuvo el buen gusto de adoptar un blasón.
A modo de conclusión le animo, improbable lector, a que si no ha recibido de sus antepasados unas armerías definidas, se decida a adoptar armas nuevas que perpetuará su linaje.
(No quiero que se me olvide: las soberbias láminas de escenas medievales han sido realizadas por don Ángel García Pinto).

jueves, 23 de enero de 2014

EL ANTIGUO RÉGIMEN Y EL ARTE, Y II

 
La segunda cinta que le sugerí el lunes, improbable lector, Eroica, relata la primera ejecución por una orquesta de la tercera sinfonía (apodada Heroica) de Beethoven, en el palacio del príncipe Joseph Franz von Lobkowitz, mecenas del propio compositor.
Y al fin alcanzo el lugar al que quería arribar: a poco que se reflexione después de sentarse en el sofá  a recrearse en la visión, y sobre todo en la audición, de Eroica hay que concluir que tras el abandono de lo que hoy llamamos el Antiguo Régimen la cristiandad entera sufrió un severo retroceso en todas las facetas del arte. Retroceso solo comparable al acaecido durante los siglos posteriores a la caída del Imperio de Roma.
Al utilizar la expresión Antiguo Régimen quiero referirme a la estructura económica y al sistema social vigente en Francia hasta la revolución (qué palabra más mal sonante) y en España realmente hasta la llegada de la democracia en 1975.
Ese sistema social, no voy a defenderlo válgame Dios, basaba su existencia en el miedo y la crueldad. Un miedo impuesto desde los escalones más favorecidos que relegaba al resto de la ciudadanía a una vida de penurias con escasas posibilidades reales de acceso a la cultura o de ascenso social.
Sin embargo, es innegable que el Antiguo Régimen desarrolló todas las facetas  artísticas con más acierto y criterio que el Nuevo Régimen actual.
Tiene su sentido: la clase privilegiada de hace siglos tenía asegurado el sustento, no debía preocuparse por trabajar para poder comer, empleando el tiempo en recibir una educación esmerada y tendente a valorar el arte en todas sus facetas. Arte que en su condición de mecenas exigían alcanzase calidad sin necesidad de reparar en ahorros.

   
Siglos de miembros sucesivos de generaciones de privilegiados que vivían entre arte, que cultivaban el arte, que disfrutaban del mejor arte,
consiguieron que efectivamente, se alcanzaran los máximos exponentes de pintura, escultura, danza o música.
Con la llegada del Nuevo Régimen este proceso artístico se alteró lamentablemente. La conversión en mecenas de miembros de la clase no privilegiada, sin educación heredada a lo largo de los siglos, sin convivencia con el arte más exquisito, condujo a la situación actual. Me permitiré aburrirle con breves ejemplos, improbable lector:
Las melodías que nos impone el conjunto de emisoras que pueblan el dial de la radio del coche presentan una simpleza lamentable. Todas las canciones que se van sucediendo siguen un esquema musical invariable: letra, estribillo, nueva letra y estribillo, parte instrumental y la resolución en un nuevo poemita sin sentido y estribillo final, estribillo a veces repetido hasta concluir en un casi necesario silencio que los oídos agradecen. 
El diseño melódico es prácticamente idéntico al que presentan las pocas canciones, jarchas y endechas, que nos han llegado desde el Antiguo Régimen. Cantadas invariablemente por el pueblo, no por las clases privilegiadas, claro. ¿Pueden compararse esas composiciones de cuatro minutos escasos, oídos no cultivados no admiten más esfuerzo, a cualquier movimiento de una sinfonía de Shubert, de Ludwig Van, de Mozart?
En cuanto a la pintura mejor no hablar. Qué tienen en común el retrato de la majestad católica de Felipe II pintado por Sánchez Coello
con un lienzo que presenta rayas de colores desvaídos de un afamado autor contemporáneo. Un cuadro de la clase privilegiada y en consecuencia conocedora del arte frente a la pintura del común. Uno decora, el otro desdora una pared que en su desnudez resultaría más estética.
La danza. ¿Ha reparado, improbable lector, en la similitud que presentan los bailes de nuestros jóvenes en las discotecas, esos saltos más o menos acompasados, con las danzas tribales? ¿Se puede considerar baile esa sucesión de movimientos espasmódicos si se compara con el vals que las parejas de recién casados acostumbran a practicar en las bodas?
La escultura. ¿Pueden considerarse arte escultórico las deformes estructuras que se exhiben en cualquier museo de arte contemporáneo si se comparan con las estatuas en piedra o metal que jalonan los antiguos jardines de los reales sitios? El uno es el recurso del pueblo para intentar, sin conseguirlo, adornar un espacio (lo que consigue es causar repulsión), el otro, una estatua de ejecución clásica, es no solo un motivo ornamental sino una manifestación de buen gusto.
Ya concluyo: Cuanto más se detenga a sopesar la realidad de lo que intento transmitirle, improbable lector, seguro que alcanza la misma conclusión: el Antiguo Régimen fue nefasto como sistema social, injusto y perverso, pero desde su desaparición el arte se ha resentido al haberse aceptado  el criterio artístico del pueblo que, ocupado en conseguir lo necesario para el sustento, ha descuidado atávicamente el cultivo del buen gusto en materia artística.

miércoles, 22 de enero de 2014

IMÁGENES DE LA ORDEN DE MALTA

Lo siento, improbable lector, no me ha dado tiempo a elaborar una entrada para hoy. Añado a esta cadena algunas imágenes tomadas con ocasión de las exequias del anterior príncipe gran maestro de la orden de Malta.