jueves, 18 de septiembre de 2014

CONTINENTE REAL

Nos dejamos influenciar por los que ocupan los puestos más altos de la sociedad.
Entre otras manifestaciones de esa influencia, de mucha mayor importancia, se encuentra el tipo de bebida espirituosa que se consume de forma mayoritaria. 
Si la élite consume una bebida, el pueblo imita la costumbre y además se las da de entendido en la materia. Qué afán por aparentar tenemos todos, ¿verdad?
Cuando era joven (sí, lo fui, no nací así de viejo) (y no, no estuve en el Arca de Noé) (¿cómo que entonces cómo me salve?) lo que se llevaba, la moda, era practicar el ocio regándolo con whisky.
Años después lo más elegante fue el ron.
Hoy causa furor, y un poco de tontería snob también, la ginebra mezclada con tónica. Bueno, con tónica y con toda una variedad de aditivos que permiten pasar a las copas sin probar el postre porque el gintónic más exclusivo contiene ahora una macedonia de frutas flotando en su interior.
Yo no. Sigo fiel al whisky. No es por snobismo. Ni por nada especial. Simplemente me gusta más que el resto. Lo consumo por descarte.
En cambio, algunos de mis compañeros de tertulia heráldica, y ciencias afines don Fernando, y ciencias afines, sopesan la posibilidad de pasarse al tequila.
La razón no proviene de la moda, que si es moda es necesariamente pasajera. No. La razón le resultará evidente, improbable lector, cuando observe el continente.
Si se acerca a este tedioso blog es porque es usted, improbable lector, aficionado a la heráldica. Si es aficionado a la heráldica necesariamente, es un hecho empírico, es usted una persona decente. Y si es decente (ya termino el silogismo) ha de ser monárquico.
Nuestra constitución titula su segundo capítulo, que regula la monarquía, no con ese nombre, sino con el del tocado que la representa: la corona.
No sigo. Muestro el continente anunciado y juzgue usted mismo, improbable lector, la posibilidad de pasarse al tequila: